Y entonces el sueño se apoderó de mí, me dormí y soñé que soñaba y que en mi sueño me despertaba, me frotaba la desidia y de un tirón me arrancaba la pereza. Me levantaba torpemente para intentar recuperar mi equilibrio una vez más pero ya era tarde, todo era distinto y todo era mejor.
Tenía todo lo que siempre había querido, todo se suponía perfecto. Mesura adecuada, cada cosa en su lugar y cada hecho en su momento. Era feliz y me recreaba en mi nueva vida traida como traje hecho a medida, acostumbrada a que no me preguntasen ni la talla. De repente sentía plenitud, placidez, calma, también sosiego, tedio, cansancio, desgana y por fin, indiferencia y hastío.
Con todas mis ambiciones satisfechas añoraba el sabor de la lucha en combate, el dulzor de la victoria y la agrura del fracaso, las oportunidades de aprender y la opción de crecer con lo estudiado. Pensaba que, tal vez, la inercia de la supervivencia me llevaba al capricho de desear lo que ya no tenía y decidía que debía sentirme afortunada y dichosa por lucir mi nuevo traje sin haber invertido esfuerzo, me sentaba bien y estaba mejor que nunca. Tanto llegaba a valorarlo que empezaba a sentir miedo, pánico de perder lo que ahora era mío. Cómo iba a ser capaz de mantener algo que no había logrado yo misma… Me obsesionaba y supervisaba hasta el mínimo detalle para asegurarme de que todo se mantenía inalterable. Empezaba a hacer un uso en exceso de control y gobierno, tanto que era demasiado y enloquecía.
Y entonces soñé que despertaba y sentía el miedo en el cuerpo pero me aliviaba pensar que mi locura no era real, que sólo había sido un mal sueño, que todavía estaba a tiempo de salvar mi nueva realidad, pero volvía a obsesionarme y volvía a enloquecer.
Y por fin me desperté, con ganas de pelea, y me sentí más viva que nunca al saber que aún me quedaba por lo que luchar …
“Imaginemos a esta raza transportada a una Utopía donde todo creciera espontáneamente y los pavos volaran asados, donde los amantes se encontraran sin más demora y supieran permanecer juntos sin mayor dificultad: en semejante lugar algunos hombres se morirían de aburrimiento o se ahorcarían, otros lucharían y se matarían entre ellos, y así crearían por sí mismos más sufrimiento del que la naturaleza les causa tal como es ahora“.
Arthur Schopenhauer
Decae la noche y con ella el listón. Mezcla de tabaco, alcohol y sudor, el tiempo se acaba y eternos aprendices de ángel apresuran sus tácticas. Es entonces cuando da comienzo el vuelo del asno*. Patetismo de manual, teatro de lo absurdo y el esperpento.