De pequeña nunca le gustaba salir a la pizarra. Con sus dedos entrelazados reposando sobre su falda, la cabeza agachada y mirando fijamente a la tabla del pupitre, desaba con todas sus fuerzas que la maestra no pronunciase su nombre. Lamentablemente, no siempre sus poderes mentales funcionaban (así lo pensaba ella) y le tocaba enfrentarse a la clase. Experta en ser una atenta expectadora, detestaba tener que ser ella la que diera la espalda a todos sus compañeros y sentirse observada y juzgada; imaginarles mirándola fijamente, analizando sus gestos, su aspecto, sus palabras, … esperando a que diese alguna respuesta a las preguntas de la profesora. Ser el centro de atención de la clase era demasiada presión que soportar en alguien como ella.
Desde su perspectiva a un metro del suelo, la pizarra parecía infinita y cualquier cosa que escribiese se vería diminuto e insignificante con aq
uella pequeña caligrafía infantil en la que todas las letras van cogidas de la mano. Con una tiza y la lección aprendida, sudor en las manos y paralizada la mente y el cuerpo, sentía la vergüenza de mostrarse insegura y estúpida. Abrumada por la tensión de la situación era incapaz de pronunciar una palabra que se escuchase más allá de a tres pasos de distancia. Pasado el interminable mal trago se frotaba las manos para sacudir el polvo blanco y huía a su sitio de nuevo avergonzada y enfurecida consigo misma.
Durante los días posteriores revivía mentalmetne el incidente y se torturaba imaginando todas las cosas horribles que pensarían los demás sobre ella.
Hoy en día tampoco me gusta “salir a la pizarra”, pero he aprendido a relativizar y a focalizar mis esfuerzos en que todo salga como me propongo. Lo que puedan pensar los demás no es relevante. Al fin y al cabo somos tan egocéntricos que nadie repara en si el otro lo ha hecho bien o mal. Estamos demasiado preocupados por como hemos estado nosotros mismos.
[Mis poderes mentales siguen funcionando igual que entonces]
La causa más frecuente de la timidez es una opinión excesiva de nuestra propia importancia.


